Larvas del parásito anisakis visibles en el interior de un filete de pescado crudo, fotografía macro de alta resolución

Anisakis: qué es, síntomas y cómo protegerte de este parásito

Mike Munay

Esa noche el pescado sabía limpio. Fresco. Inofensivo.

Lo había sacado del agua con sus propias manos y nada en su olor o textura advertía peligro.

Horas después, el dolor empezó a subir desde el estómago como una marea lenta y oscura. No era una indigestión. Era un cuerpo extraño intentando abrirse paso.
Sin saberlo, había tragado larvas de anisakis, un parásito microscópico capaz de convertir una cena perfecta en una urgencia médica. Solo por comer pescado fresco.

¿Qué es el Anisakis?

El anisakis no es una bacteria ni una toxina. Es un gusano parásito, un nematodo microscópico que vive de forma natural en el ecosistema marino. Su ciclo vital empieza en pequeños crustáceos, pasa por peces y cefalópodos, y termina en mamíferos marinos como delfines o ballenas, que son sus huéspedes definitivos. Ahí el parásito se reproduce y cierra el círculo.

El anisakis no se ve ni se huele en la mayoría de los casos. El pescado puede parecer perfecto y, aun así, llevar en su interior larvas vivas, enrolladas entre las fibras del músculo. No es un problema de suciedad ni de mala pesca.

¿Cómo se contagia el Anisakis?

El anisakis no aparece en el pescado por azar. Sigue un ciclo biológico perfectamente organizado que lleva millones de años funcionando en el océano. Todo empieza cuando pequeñas larvas son ingeridas por crustáceos microscópicos. Estos, a su vez, son devorados por peces y cefalópodos como la merluza, el bacalao o el calamar. Dentro de ellos, las larvas migran desde el intestino hacia los músculos, donde quedan enquistadas, vivas y a la espera de su siguiente huésped.

Cuando un mamífero marino como un delfín o una ballena se come a ese pez infectado, el parásito por fin llega a su destino correcto. En su intestino madura, se reproduce y libera nuevos huevos al agua, cerrando el ciclo. Para el anisakis, ese es el plan, su ciclo de vida.

El ser humano entra en esta historia por error. Cuando comemos pescado o marisco que contiene larvas vivas, las ingerimos igual que lo haría un depredador marino. La diferencia es que nuestro cuerpo no es un huésped válido. Las larvas no pueden completar su ciclo, pero sí pueden intentar incrustarse en la pared del estómago o del intestino, provocando una reacción inflamatoria violenta y, en muchas personas, una respuesta alérgica.

Por eso el contagio no tiene que ver con que el pescado esté en mal estado. Puede ser fresco, limpio y de alta calidad. El riesgo aparece cuando una larva viva consigue sobrevivir al viaje desde el mar hasta tu plato. Y eso es sorprendentemente fácil.

¿Qué síntomas provoca y cuánto tardan en aparecer?

El primer síntoma casi nunca es una alergia. Es dolor. Un dolor intenso, profundo, localizado en la parte superior del abdomen, que aparece entre 2 y 12 horas después de haber ingerido el pescado contaminado. No es una molestia vaga. Es una señal clara de que algo está intentando atravesar la pared del estómago o del intestino. La larva de anisakis, al no poder completar su ciclo en un humano, trata de penetrar en la mucosa digestiva, desencadenando una reacción inflamatoria aguda que puede simular una apendicitis, una úlcera o incluso una obstrucción intestinal.

A ese dolor se le suelen sumar náuseas, vómitos, diarrea y sensación de distensión abdominal. En algunos casos, la larva queda incrustada en la pared gástrica y puede verse directamente mediante una gastroscopia, como un filamento blanquecino que se mueve dentro del tejido inflamado. Si el parásito muere en el interior, su degradación libera proteínas altamente inmunogénicas que activan el sistema inmunitario de forma intensa.

Ahí es donde entra el segundo gran mecanismo de daño: la reacción alérgica. En personas sensibilizadas, incluso una pequeña cantidad de proteínas del anisakis puede provocar desde urticaria, picor generalizado y edema de labios o párpados hasta una anafilaxia, con dificultad para respirar, bajada de tensión y riesgo vital. Esta reacción puede ocurrir aunque el parásito esté muerto, porque el problema no es la infección viva, sino los antígenos que deja.

El tiempo de aparición depende de cuál de los dos mecanismos predomina. Cuando hay invasión digestiva directa, los síntomas suelen empezar en pocas horas. Cuando lo que ocurre es una reacción alérgica, pueden aparecer incluso minutos después de la ingesta. Por eso el anisakis es tan traicionero: puede comportarse como una gastroenteritis brutal, como una alergia alimentaria grave, o como ambas a la vez.

¿Por qué tanta gente se infecta sin darse cuenta?

El anisakis no se propaga porque la gente sea descuidada. Se propaga porque nuestro cerebro está mal calibrado para este tipo de riesgo. Evolutivamente estamos diseñados para temer lo que vemos, lo que huele mal, lo que parece podrido. Pero el anisakis no huele, no sabe raro y no cambia el aspecto del pescado. Es un peligro invisible, y el cerebro humano es pésimo gestionando amenazas que no puede detectar con los sentidos.

A eso se suma el sesgo de normalidad. Si has comido pescado crudo o poco hecho muchas veces sin enfermar, tu cerebro aprende que es seguro, aunque estadísticamente no lo sea. Cada experiencia sin consecuencias refuerza una falsa sensación de control. Es el mismo mecanismo que hace que la gente no se ponga el cinturón de seguridad después de cien trayectos sin accidente.

Además, la cultura gastronómica juega un papel enorme. Platos como sushi, ceviche, boquerones en vinagre o carpaccios de pescado se perciben como sofisticados, saludables o limpios. Esa estética reduce aún más la percepción de peligro. Nadie asocia algo tan cuidado y bonito con una larva viva capaz de atravesar la pared de su estómago.

El resultado es una combinación perfecta: un parásito real, un alimento visualmente impecable y un cerebro humano que confía justo cuando no debería. Y así es como la mayoría de las infecciones por anisakis no ocurren por ignorancia, sino por exceso de confianza.

¿Cómo actuar ante una infección por Anisakis?

Cuando el anisakis ya está dentro del cuerpo, no hay remedios caseros ni trucos. Si hay dolor abdominal intenso tras haber comido pescado crudo o poco cocinado, hay que acudir a urgencias y decirlo explícitamente. Ese dato cambia todo.

Si la larva sigue viva y está adherida a la pared del estómago, el tratamiento más eficaz es una gastroscopia. A través de una cámara flexible introducida por la boca, el médico puede localizar al parásito y extraerlo directamente con pinzas. Cuando esto ocurre, el dolor suele desaparecer de forma casi inmediata. Es literalmente quitar el cuerpo extraño que estaba provocando la reacción inflamatoria.

Los antibióticos no sirven porque el anisakis no es una bacteria. Tampoco los antiparasitarios habituales, ya que la larva suele estar incrustada en el tejido y muere por sí sola, pero dejando una reacción inflamatoria intensa a su alrededor. En esos casos, el tratamiento se centra en controlar el dolor y la inflamación con analgésicos y, a veces, corticoides.

Si lo que predomina es una reacción alérgica, la prioridad es controlar la respuesta inmunitaria. Se utilizan antihistamínicos, corticoides y, en casos graves, adrenalina. Por eso alguien puede tener una crisis alérgica incluso cuando el parásito ya no está vivo. porque el sistema inmunitario reacciona a sus proteínas.

El anisakis no se expulsa como una diarrea común. O se extrae con endoscopia, o el cuerpo lo encapsula y lo destruye lentamente, a costa de dolor y riesgo de complicaciones. Cuanto antes se detecta, menos daño causa.

¿Cómo puedo consumir pescado de forma segura?

Consumir pescado sin miedo al anisakis no significa renunciar al sushi ni a los boquerones. Significa entender qué mata al parásito y qué no. Las larvas de anisakis solo mueren de dos formas: calor suficiente o frío suficiente.

La cocción es el método más directo. Cuando el pescado alcanza más de 60 °C en toda su masa, las larvas mueren en segundos. Eso incluye freír, hervir, hornear o planchar bien el pescado. El riesgo aparece cuando el interior queda crudo o templado, como ocurre en piezas gruesas, tatakis o pescados “vuelta y vuelta”.

El otro método es la congelación. Según la legislación europea de seguridad alimentaria, todo pescado que vaya a consumirse crudo o prácticamente crudo debe haber pasado por un tratamiento de congelación preventiva destinado a inactivar parásitos como el anisakis. Esta obligación se aplica a establecimientos de restauración y a operadores que comercializan productos listos para ese tipo de consumo, como sushi, boquerones en vinagre, carpaccios de pescado o ceviches.

El requisito técnico establecido es que el producto alcance al menos −20 °C en toda su masa durante un mínimo de 24 horas, aunque muchos operadores aplican tiempos mayores como margen de seguridad. Este proceso no es una recomendación sanitaria, sino una exigencia legal diseñada para reducir el riesgo parasitario antes de que el alimento llegue al consumidor.

En el comercio minorista, el pescado que ha sido congelado y luego puesto a la venta descongelado debe indicarlo mediante una mención como “descongelado” o una formulación equivalente. Esta información no implica necesariamente que el producto esté pensado para consumirse crudo, pero sí permite al consumidor saber que ese pescado ya ha pasado por un proceso de congelación industrial. Por el contrario, el pescado vendido como fresco no está obligado a haber sido congelado, ya que la normativa asume que será cocinado antes de su consumo.

Esto tiene una consecuencia práctica importante: si un consumidor compra pescado fresco sin indicación de descongelación y planea comerlo crudo o poco hecho, la responsabilidad de aplicar el tratamiento de congelación preventiva pasa a ser suya. La seguridad frente al anisakis no depende del origen del pescado ni de su aspecto, sino de si ha sido sometido, en algún punto de la cadena, al frío o al calor suficientes para inactivar las larvas.

Lo que no sirve es el limón, el vinagre, la sal ni el ahumado en frío. Pueden matar bacterias, pero no destruyen las larvas de anisakis. Por eso platos marinados o encurtidos sin congelación previa siguen siendo de riesgo, aunque sepan ácidos o estén “curados”.

La seguridad no depende del origen del pescado ni de lo bonito que se vea en la pescadería. Depende exclusivamente de si ha pasado por frío o calor suficientes. Esa es la frontera real entre una comida segura y una urgencia médica.

Países con alto consumo de pescado crudo, como Japón, España, Italia o los países nórdicos, aplican estas medidas de forma estricta porque la epidemiología del anisakis lo exige. En Japón, por ejemplo, donde el consumo de pescado crudo es masivo, la inspección visual, la ultracongelación y la trazabilidad del producto forman parte del estándar industrial. En Europa, estas exigencias están armonizadas por la legislación de seguridad alimentaria, que trata al anisakis como un riesgo biológico prioritario.

¿Qué animales están infectados?

El anisakis está ampliamente distribuido en el ecosistema marino y afecta a una enorme variedad de especies. Los huéspedes intermedios más comunes son los peces y cefalópodos que forman parte habitual de nuestra dieta: merluza, bacalao, pescadilla, jurel, sardina, anchoa, caballa, salmón salvaje, calamar y pulpo, entre muchos otros. En estos animales, las larvas se alojan primero en el intestino y luego migran hacia los músculos, que es la parte que acabamos comiendo.

Los huéspedes definitivos, donde el parásito alcanza la madurez y se reproduce, son los mamíferos marinos. Ballenas, delfines, focas y leones marinos albergan al anisakis adulto en su tubo digestivo y liberan los huevos al agua, reiniciando el ciclo. Cuanto mayor es la población de estos animales en una zona, mayor es la circulación del parásito en esa cadena alimentaria.

Esto explica por qué algunas zonas de pesca presentan tasas más altas de anisakis que otras y por qué especies depredadoras grandes, que se comen muchos peces pequeños a lo largo de su vida, tienden a estar más parasitadas. No es un fallo del pescado. Es una consecuencia directa de cómo funciona el océano.

Existen también diferencias geográficas claras en la presencia de anisakis. Las aguas frías y templadas del Atlántico Norte, el Mar del Norte, el Cantábrico y el Pacífico Norte presentan tasas especialmente altas de infestación, en parte porque albergan grandes poblaciones de mamíferos marinos, que son los huéspedes definitivos del parásito. En estas zonas, especies como la merluza, el bacalao o el arenque muestran prevalencias de anisakis significativamente mayores.

En el Mediterráneo, aunque el parásito existe, las tasas suelen ser algo más bajas, lo que históricamente ha reducido el riesgo en ciertas pesquerías. Sin embargo, el aumento de poblaciones de delfines y la globalización del comercio de pescado hacen que estas diferencias se vayan difuminando. Hoy en día, un pescado capturado en aguas con alta carga de anisakis puede terminar en cualquier mercado del mundo en cuestión de horas.

Por eso, la seguridad no puede basarse en el origen geográfico. Un pez del Atlántico, del Pacífico o del Mediterráneo puede ser igual de seguro o igual de peligroso si no se ha sometido a los tratamientos de congelación o cocción adecuados. El anisakis no entiende de fronteras, solo de ciclos biológicos.

Preguntas frecuentes sobre el anisakis

¿El limón o el vinagre matan el anisakis?

No. El limón, el vinagre o la sal pueden reducir bacterias, pero no garantizan la inactivación de las larvas de anisakis. Para hacerlo seguro necesitas calor suficiente (cocción completa) o congelación preventiva.

¿Puedo comer boquerones en vinagre sin congelarlos antes?

No es recomendable. Los boquerones en vinagre son un clásico de riesgo si no se han congelado previamente. El marinado no sustituye a la congelación preventiva.

¿El pescado “fresco” del supermercado ya viene congelado?

Normalmente no. Si un pescado se vende descongelado, debe indicarse como “descongelado” (o equivalente). Si se vende como fresco, no tiene por qué haber pasado por congelación preventiva, porque se asume que lo vas a cocinar.

¿Cuánto tiempo debo congelar el pescado en casa para evitar anisakis?

Para consumo doméstico, lo prudente es congelar el pescado que vayas a comer crudo o poco hecho al menos 48 horas. El objetivo es que el producto alcance temperaturas suficientemente bajas durante el tiempo necesario para inactivar larvas.

¿Qué síntomas da el anisakis y cuándo aparecen?

Puede causar dolor abdominal intenso (habitualmente a las pocas horas), náuseas, vómitos o diarrea. En personas sensibilizadas también puede provocar urticaria, hinchazón o incluso anafilaxia, a veces en minutos tras la ingesta.

¿Qué hago si me duele el estómago después de comer pescado crudo o poco hecho?

Si el dolor es intenso o se acompaña de vómitos persistentes o síntomas alérgicos (ronchas, dificultad para respirar), acude a urgencias y menciona la ingesta de pescado crudo o poco cocinado. Ese dato es clave para el diagnóstico.

¿Cocinar “vuelta y vuelta” elimina el anisakis?

No siempre. El riesgo aparece cuando el interior queda crudo o templado. Para inactivar larvas necesitas que el pescado alcance una temperatura suficientemente alta en toda la pieza, no solo en la superficie.

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3 comentarios

Información muy útil, mejor prevenir que curar!

noa abad

Excelente información

Roger Luján Ripoll

En el Perú debería ser un estándar de congelar el pescado crudo antes de preparar los cebiches y tiraditos y suchi.Los restaurantes deberían manifestarlo en la carta .

Vito

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Y se acabó el artículo :(

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