La ciencia de los gatos: por qué son tan fascinantes para la biología y la neurociencia
Mike MunayCompartir
En la penumbra de su habitación, el niño observa a su gato Gauss dormir. El pecho del gato sube y baja con una calma que parece imposible en un mundo que nunca se detiene.
Piensa en cómo se mueve cuando despierta: sin ruido, sin errores, reaccionando antes de que las cosas ocurran. Nada parece improvisado. Todo parece seguir reglas que los humanos han olvidado.
Se pregunta cómo es posible vivir así, sin prisa ni ansiedad. El gato no huye del mundo, lo entiende y fluye a través de él.
Y entonces surge un pensamiento que le invade: quizá los gatos no son solo adorables. Quizá sean criaturas diseñadas para la perfección.
¿Cómo explicamos lo que este niño piensa?
Efectivamente, los gatos son unos animales auténticamente fascinantes a nivel científico, que parecen desafiar a las leyes físicas, biológicas y químicas, aunque lo que realmente hacen, es aprovecharlas al máximo.
Te lo contamos.
Habilidades sensoriales de los gatos
Visión nocturna y detección de movimiento
Los ojos del gato están optimizados para cazar en penumbra. En su retina dominan los bastones, células especializadas en detectar luz débil y movimiento. Además, poseen una estructura llamada tapetum lucidum, una capa reflectante situada detrás de la retina que devuelve los fotones no absorbidos, dándoles una segunda oportunidad de ser detectados. Por eso los ojos de los gatos brillan en la oscuridad y por eso necesitan hasta seis veces menos luz que nosotros para ver.
El precio de esa sensibilidad es que distinguen peor los colores rojo y rosa, pero a cambio detectan movimientos mínimos. Un insecto que se desplaza milímetros es para ellos tan evidente como un coche cruzando la calle.
Audición direccional y ultrasonidos
Cada oreja de un gato tiene 32 músculos independientes (el humano tiene 6).
Eso les permite girarlas, inclinarlas y enfocarlas de forma separada, como si fueran antenas parabólicas biológicas. Gracias a esa movilidad y a la forma de su oído interno, pueden triangular la posición exacta de un sonido en milisegundos.
Además, oyen frecuencias de hasta 65 kHz (el humano hasta 20 kHz), muy por encima del límite humano. Los roedores y muchas presas pequeñas emiten chillidos ultrasónicos que para nosotros no existen, pero para un gato son una señal brillante en la oscuridad.
Detección de vibraciones
Las almohadillas de las patas contienen mecanorreceptores de alta sensibilidad que detectan vibraciones mínimas del suelo. Esto les permite percibir pasos, movimientos de paredes, temblores sísmicos o incluso el desplazamiento de otros animales antes de que exista sonido audible. Cuando un gato parece mirar al vacío, muchas veces está leyendo el lenguaje vibratorio del entorno.
Olfato químico y órgano de Jacobson
Además del olfato convencional, los gatos tienen un sistema extra: el órgano vomeronasal o de Jacobson, situado en el paladar. Cuando un gato abre la boca y parece hacer una mueca rara, en realidad está introduciendo aire hacia este órgano para analizar feromonas y señales químicas.
Gracias a él detectan:
- Estados emocionales
- Territorios marcados
- Identidad de otros animales
- Disponibilidad reproductiva
Es una forma de ver información social que para nosotros es completamente invisible.
Orientación y navegación: el GPS interno del gato
Los gatos no solo saben dónde están. Saben cómo está orientado el espacio, gracias a su capacidad de magnetorrecepción.
En la retina del gato existen proteínas llamadas criptocromos que reaccionan al campo magnético de la Tierra. Cuando la luz incide sobre ellas, cambian de estado químico en función de la orientación del campo magnético, generando una señal que el cerebro puede interpretar.
Eso significa que el norte y el sur no son conceptos abstractos para un gato: forman parte de su percepción visual interna.
Por eso, en condiciones tranquilas y con el campo magnético estable, muchos gatos se alinean espontáneamente en eje norte–sur cuando defecan, descansan o se relajan. No es un ritual, es una consecuencia de cómo su sistema nervioso se organiza en el espacio.
En 2013, un estudio publicado en Journal of Comparative Physiology A analizó más de 70 gatos y cientos de eventos de micción y defecación.
Resultado: Cuando el campo magnético terrestre estaba estable, los gatos se alineaban significativamente en dirección norte–sur.
Cuando el campo estaba perturbado por tormentas solares… el efecto desaparecía.
Memoria espacial tridimensional
El hipocampo del gato, la estructura cerebral encargada de la navegación y la memoria espacial, es proporcionalmente mucho más grande que otros animales. No memorizan solo posiciones en el suelo, sino alturas, rutas verticales, saltos y trayectorias. Una casa para ellos no es un plano, es una arquitectura tridimensional navegable.
Eso explica por qué nunca se pierden dentro de su territorio y por qué pueden volver a casa incluso tras recorrer kilómetros.
Habilidades neurológicas de los gatos
El cerebro de un gato no está pensado para la obediencia ni para la vida social compleja como el nuestro. Está diseñado para una cosa: procesar el mundo con velocidad, precisión y eficiencia energética. Y eso lo convierte en una máquina neurológica sorprendentemente sofisticada.
Un cerebro optimizado para cazar
La estructura cortical del gato es más parecida a la humana que a la del perro. Su corteza visual, su amígdala (emociones) y su hipocampo (memoria espacial) están altamente desarrollados. Eso les permite construir un modelo mental del entorno donde cada distancia, cada altura y cada amenaza se calcula de forma casi automática. Un gato no mide un salto: su cerebro lo resuelve como una ecuación en milisegundos.
Reflejos ultrarrápidos
Los gatos reaccionan en apenas 20–30 milisegundos, unas diez veces más rápido que un humano. Esto ocurre porque la vía nerviosa que conecta la retina con el tálamo y la corteza motora es muy corta y directa. Gran parte del procesamiento ocurre antes de que la información llegue a la conciencia, lo que permite que el cuerpo se mueva antes de que el gato piense que debe moverse. El gato es el animal vertebrado con la velocidad de reacción más rápida del mundo. Por eso en los videos peleando contra serpientes es imposible que estas les alcancen.
Predicción del movimiento
El cerebro felino no solo detecta movimiento: lo predice. Su corteza visual calcula la velocidad y la trayectoria de un objeto para anticipar dónde estará. Por eso un gato atrapa una presa en el punto donde va a pasar, no donde está. Es un sistema de física aplicada en tiempo real.
Memoria espacial tridimensional
Como el hipocampo del gato es proporcionalmente grande. No almacena solo lugares en un plano, sino mapas tridimensionales con alturas, rutas verticales y puntos de salto. Para un gato, una estantería, una mesa y una repisa forman un único camino continuo. Por eso nunca olvida un escondite ni se cae dos veces del mismo sitio.
Aprendizaje por observación
Aunque no lo parezca, los gatos pueden aprender mirando. Utilizan redes neuronales de imitación para copiar acciones que observan en otros gatos o en humanos. Si tu gato te ve abrir una puerta varias veces, su cerebro construye el patrón y lo intenta reproducir.
Regulación emocional eficiente
El sistema nervioso autónomo del gato alterna con mucha precisión entre los modos simpático (acción) y parasimpático (descanso). Esto evita que se queden atrapados en estrés crónico. Por eso pueden pasar de cazar a dormir profundamente en segundos sin acumular ansiedad.
Empatía basada en señales fisiológicas
Los gatos detectan cambios en tu voz, postura y ritmo de movimiento mediante su corteza sensorial y su amígdala. No interpretan emociones como conceptos, pero sí reconocen patrones corporales de estrés o calma, y ajustan su comportamiento a ellos. Por eso a veces los gatos se acercan a darte cariño cuando estás en un mal momento o te encuentras enfermo.
Bloqueo del dolor bajo estrés
En situaciones extremas, el cerebro del gato libera endorfinas y catecolaminas que reducen la percepción del dolor. Esto permite que un animal herido pueda seguir huyendo o luchando. Es un mecanismo de supervivencia neuroquímico.
Un cerebro que nunca se apaga del todo
Los gatos pasan gran parte de su sueño en fase REM, la misma fase en la que soñamos. En ella, su cerebro simula movimientos, caza y escenarios emocionales. Mientras duermen, su sistema nervioso sigue entrenando.
Percepción del tiempo
Los gatos no miran relojes, pero su hipotálamo y sus ritmos circadianos registran patrones de luz, comida y actividad. Eso les permite anticipar eventos con una precisión sorprendente. Para ellos, la hora no es un número: es una sensación fisiológica.
En conjunto, el cerebro del gato no busca comodidad. Busca eficiencia absoluta.
Menos ruido. Menos duda. Más acción cuando importa y más descanso cuando no.
No son menos sociales, son más sofisticados
El gato sí se apega, pero no de forma infantil como el perro. Su oxitocina sube cuando:
- Te mira lento
- Duerme contigo
- Te da cabezazos
Eso es amor felino en su lenguaje neuroquímico.
Habilidades metabólicas de los gatos
Son tóxicos para tu sistema inmunológico (y eso es bueno)
La exposición a gatos durante la infancia reduce el riesgo de:
- Asma
- Alergias
- Enfermedades autoinmunes
¿Por qué? Porque entrenan tu sistema inmune a no volverse paranoico. La convivencia con gatos ayuda a que el sistema inmune humano no se vuelva hiperreactivo frente a estímulos inocuos.
Su saliva es un laboratorio antibacteriano
La saliva del gato contiene:
- Lisozimas
- Peroxidasas
- Péptidos antimicrobianos
Esto hace que sus heridas se infecten menos y se limpien mejor que nosotros.
Modo sigilo metabólico
Los gatos pueden reducir su gasto energético de forma extrema cuando están quietos, sin perder reflejos ni capacidad de reacción. Su metabolismo entra en ahorro extremo pero con reflejos intactos.
Eso les permite pasar de estar dormidos a saltar en una fracción de segundo, como un misil en standby.
Ronroneo terapéutico
El ronroneo del gato vibra entre 25 y 150 Hz, un rango que en medicina se usa para:
- Cicatrizar huesos
- Reparar tejidos
- Reducir inflamación
Los gatos se automedicán vibrando. Ronronean cuando están felices, cuando están heridos y, en muchos casos, cuando están muriendo.
El ronroneo también regula su propio sistema nervioso, ayudándoles a mantenerse estables incluso en situaciones de estrés o dolor.
Habilidades músculo-esqueléticas de los gatos
Marcha diagonal: caminar sin ruido como robots de Boston Dynamics
Los gatos usan una marcha diagonal: la pata trasera pisa exactamente donde pisó la delantera. Esto reduce vibraciones, ruido y errores de apoyo. El control de este patrón lo realiza el cerebelo, la parte del cerebro que coordina movimientos finos. Por eso pueden avanzar por una barandilla o el respaldo de un sofá como si siguieran una línea invisible y moverse en el más absoluto sigilo.
Columna vertebral hiperflexible
Las vértebras del gato están unidas por discos intervertebrales muy elásticos y músculos largos y potentes. Esto permite que el tronco se estire y se comprima como un muelle. Durante un salto, la columna almacena energía elástica y la libera en el despegue, aumentando la potencia sin gastar más energía muscular.
Reflejo de enderezamiento
Cuando un gato cae, su sistema vestibular (en el oído interno) detecta la orientación de la cabeza. A partir de ahí, el cerebro coordina la rotación del cuello, el tronco y las patas para que el cuerpo gire en el aire sin violar la física. No necesita impulso externo: redistribuye su propio momento angular. Por eso casi siempre aterriza de pie.
Sensores de apoyo en las patas
Las almohadillas contienen receptores de presión y textura que informan al cerebro de la estabilidad del suelo antes de que el peso caiga sobre él. Cada paso es un cálculo. Por eso pisan con tanta precisión y raramente resbalan.
Respiración sincronizada
Durante la caza o el sigilo, los gatos reducen la amplitud de su respiración y la sincronizan con el movimiento de las patas. Esto disminuye el movimiento del tórax y el ruido. El resultado es un desplazamiento casi silencioso, controlado por el sistema nervioso autónomo.
Parkour biológico
Todo este sistema integrado permite a los gatos correr, frenar, girar, saltar y aterrizar con una eficiencia que recuerda a un atleta de élite. No improvisan: su cuerpo ejecuta un modelo físico del mundo en tiempo real.
Cosas cotidianas que pueden matar a un gato
Un gato puede ser una obra maestra de la evolución, pero su biología también tiene puntos ciegos peligrosos. Algunos compuestos que para los humanos son inocuos resultan letales para los gatos porque su hígado no puede metabolizarlos correctamente.
El caso más conocido es el paracetamol. En los gatos, incluso una dosis mínima destruye los glóbulos rojos y provoca un fallo hepático fulminante. No existe una dosis segura. Un solo comprimido puede ser mortal.
El chocolate es otro enemigo silencioso. Contiene teobromina y cafeína, dos estimulantes que el sistema nervioso felino no sabe eliminar. Provocan arritmias, convulsiones y colapso respiratorio.
También son peligrosos alimentos y productos aparentemente inofensivos como:
- Cebolla y ajo (dañan los glóbulos rojos)
- Alcohol
- Antidepresivos y analgésicos humanos
- Lirios y algunas plantas ornamentales
- Productos de limpieza y aceites esenciales
La paradoja es brutal: Pueden detectar campos magnéticos y moverse como un ninja, pero un poco de chocolate puede ser más peligroso que un depredador.
¿Por qué el hígado del gato es tan distinto al humano?
El hígado es el laboratorio químico del cuerpo. Es el órgano encargado de transformar sustancias extrañas en compuestos que puedan eliminarse sin causar daño. En los humanos, este proceso depende en gran parte de una familia de enzimas llamadas glucuronil transferasas.
Los gatos, sin embargo, tienen este sistema incompleto.
Eso significa que no pueden realizar bien la glucuronidación, una reacción bioquímica esencial para neutralizar muchos fármacos y toxinas. Cuando una sustancia como el paracetamol entra en su organismo, no se vuelve inofensiva: se convierte en metabolitos altamente tóxicos que dañan gravemente el hígado y destruyen los glóbulos rojos.
En otras palabras, el cuerpo del gato no sabe cómo “apagar” esas moléculas. Es el precio de una biología extremadamente especializada, optimizada para una dieta carnívora y una vida de depredador.
Reflexión final
Los gatos no son simplemente animales ágiles o inteligentes. Son depredadores de precisión, diseñados por la evolución para moverse en silencio, ver en la oscuridad, anticipar el movimiento y reaccionar antes de que el peligro exista. Cada músculo y cada neurona trabajan para una única misión: cazar con la máxima eficiencia posible.
Su cuerpo vive en un equilibrio perfecto entre calma y explosión. Pueden pasar del reposo absoluto a la acción letal en una fracción de segundo. No desperdician energía, no desperdician atención. Son máquinas biológicas optimizadas para sobrevivir.
Y aun así, incluso dentro del mundo felino, existe un extremo.
El gato de patas negras africano (Felis nigripes) es el depredador más letal de todos los gatos. A pesar de su tamaño diminuto, tiene la mayor tasa de éxito de caza del reino felino, superando incluso a leones y leopardos. Más de la mitad de sus ataques terminan en una presa.
En él se condensa la esencia del diseño felino:
sigilo, precisión y un cerebro que casi nunca falla.
Tal vez no somos nosotros quienes los cuidamos.
Tal vez ellos son el experimento más elegante de la evolución.
2 comentarios
No podía imaginar todo lo qué describe el artículo, me sorprende… creo que no volveré a ver a mi gato con los mismos ojos. Muy interesante tanta perfección qué desconocía.
Increíbles animaleeees! Son casi una divinidad totalmente, ahora podemos entenderlos un poco mejor 😁 (con lo mono que es el gato de patas negras africanas cualquiera se deja cazar pensando que viene a por unos cabezazos amistosos)