La ciencia detrás de las lágrimas

La ciencia detrás de las lágrimas

Mike Munay

Hace años vi a un hombre adulto llorar en silencio en un vagón de metro. Nadie le preguntó nada. Nadie pareció incómodo, pero tampoco interesado. Las lágrimas caían despacio, como si intentaran desaparecer antes de que alguien las notara.

Me quedé pensando en eso después. En por qué lloramos cuando ya no hay palabras. En por qué incluso las personas más contenidas acaban rompiéndose en algún momento. Y, sobre todo, en qué función real cumple ese gesto que solemos esconder.

Porque no, llorar no es solo “estar triste”. No es un fallo del autocontrol ni una debilidad emocional. Es una respuesta biológica compleja, regulada por el cerebro, el sistema nervioso y el contexto social. Una herramienta que el cuerpo activa cuando la carga interna supera cierto umbral.

La ciencia lleva décadas intentando entenderlo. Y lo que ha descubierto es bastante menos romántico… y mucho más interesante.

Cuando el cuerpo decide hablar por su cuenta

Cuando el cuerpo decide hablar por su cuenta

Llorar es una de las respuestas más complejas del comportamiento humano. No es solo una reacción emocional: es un fenómeno biológico regulado por el cerebro, el sistema nervioso y el entorno social.

A diferencia de otros animales, los humanos no solo producimos lágrimas para proteger o limpiar el ojo. También generamos lágrimas emocionales, vinculadas a estados afectivos intensos y con funciones que van más allá de lo ocular.

El llanto aparece cuando una emoción supera cierto umbral de carga interna. En ese punto, el cerebro deja de intentar contenerla y activa un mecanismo automático de descarga y comunicación. No es una decisión consciente, ni una señal de debilidad: es una respuesta reguladora.

Por eso el llanto no pertenece solo al terreno de la tristeza. Aparece en el duelo, pero también en el alivio, la frustración, la alegría extrema o el desbordamiento emocional. Es el cuerpo diciendo algo que todavía no puede formularse con palabras.

¿Cómo se desencadena el llanto?

El llanto es un reflejo neurobiológico que se inicia en el cerebro, no en los ojos. Ante una emoción intensa, el sistema límbico evalúa la relevancia del estímulo. La amígdala, estructura clave en el procesamiento emocional, interpreta la situación como significativa y activa el sistema nervioso autónomo.

Esta activación genera una señal descendente a través del nervio facial (VII par craneal), que inerva directamente la glándula lagrimal. Como respuesta, la glándula incrementa la secreción de lágrimas de forma involuntaria.

El proceso no depende de la voluntad ni de una decisión consciente. Es una respuesta automática diseñada para expresar, regular y descargar una carga emocional que el sistema nervioso considera relevante para el equilibrio del organismo.

Desde el punto de vista funcional, el llanto cumple dos roles simultáneos: regula internamente el estado fisiológico y señala al entorno que algo importante está ocurriendo. No es un fallo del control emocional, sino un mecanismo integrado de expresión y ajuste.

Cuando el cerebro percibe que una emoción supera su capacidad de contención momentánea, activa este sistema. No para dramatizar, sino para recuperar estabilidad.

¿Todas las lágrimas son iguales?

No. Aunque todas se producen en la glándula lagrimal, no todas las lágrimas cumplen la misma función ni tienen la misma composición química. El organismo fabrica distintos tipos de lágrimas según el contexto fisiológico o emocional, y cada una responde a una necesidad concreta.

  • Basales: Lubrican y protegen el ojo 24/7.
  • Reflejas: Aparecen cuando algo nos irrita (humo, viento, cebolla...)
  • Emocionales: Son las que delatan que algo emocional pasa dentro de nosotros.

Las tres nacen en la glándula lagrimal, situada sobre cada ojo. Pero las emocionales llevan una firma química especial.

Lágrimas basales: mantenimiento silencioso

Las lágrimas basales están presentes de forma continua. No las notamos, pero son esenciales para la salud ocular.

Su función es lubricar la córnea, mantenerla transparente, nutrirla y protegerla frente a infecciones. Contienen agua, electrolitos, lípidos y proteínas antimicrobianas como la lisozima, que actúa como antibiótico natural.

Sin ellas, la visión se deteriora y el ojo se vuelve vulnerable.

Lágrimas reflejas: defensa inmediata

Las lágrimas reflejas aparecen cuando el ojo detecta una agresión física o química: humo, viento, polvo, gases irritantes o cebolla.

Su objetivo no es emocional, sino defensivo. Se producen en gran cantidad para diluir, arrastrar y eliminar rápidamente el agente irritante. Su composición es similar a la de las basales, pero con mayor volumen y una concentración elevada de enzimas defensivas (lisozima, lactoferrina y peroxidasa lagrimal)

Lágrimas emocionales: regulación y comunicación

Las lágrimas emocionales son exclusivas del ser humano. Se desencadenan por emociones intensas como tristeza, miedo, frustración, alivio o alegría extrema.

A diferencia de las anteriores, tienen una composición química distintiva y participan en la regulación emocional y social.

Tipos de lágrimas emocionales

Desde el punto de vista funcional, las lágrimas emocionales pueden diferenciarse según la emoción predominante que las origina:

  • Lágrimas de tristeza o pérdida
    Asociadas a duelo, frustración o dolor emocional. Presentan concentraciones elevadas de cortisol y ACTH (hormona adrenocorticotropa), relacionadas con la respuesta al estrés.
  • Lágrimas de alivio
    Aparecen tras la resolución de una tensión prolongada. Se asocian a una activación del sistema parasimpático y a una disminución progresiva del estrés fisiológico.
  • Lágrimas de alegría intensa
    Surgen ante experiencias emocionalmente desbordantes. Comparten mecanismos con el llanto por estrés, pero con una carga emocional positiva.

En todos los casos, estas lágrimas contienen neuromoduladores como prolactina, endorfinas, oxitocina y proteínas que actúan como señales sociales, favoreciendo la empatía y la respuesta del entorno.

Tabla comparativa de los tipos de lágrimas

Tipo de lágrima Origen Composición principal Función
Basales Producción continua Agua, electrolitos, lípidos, lisozima Lubricar, nutrir y proteger la superficie ocular
Reflejas Irritación física o química Agua, lisozima (alta concentración), lactoferrina, peroxidasa Diluir y eliminar agentes irritantes
Emocionales (tristeza) Tristeza, pérdida, frustración Cortisol, ACTH, prolactina, proteínas plasmáticas Regulación emocional y descarga del estrés
Emocionales (alivio y alegría) Liberación tras emoción intensa Endorfinas, oxitocina, prolactina Recuperación fisiológica y regulación emocional

Cuando lloramos emocionalmente, el cuerpo no solo expresa lo que ocurre dentro: también ajusta su equilibrio interno y comunica al entorno que algo relevante está sucediendo.

Motivos físicos y psicológicos del llanto

En el plano fisiológico, el llanto es pura supervivencia:

  • Mantiene la córnea limpia y sin infecciones (gracias a la lisozima, un antibiótico natural).
  • Ajusta la presión lacrimal y la humedad de la superficie ocular.
  • Activa el sistema parasimpático, que calma el organismo tras un pico emocional.

Es una forma de resetear el sistema nervioso. Un apagado y reinicio emocional.

En el plano psicológico, el llanto también es comunicación social en estado puro.

Antes de hablar, los bebés solo tienen dos idiomas: sonrisa y llanto. Así consiguen protección y atención. Con los años, seguimos llorando porque funciona:
las lágrimas provocan empatía y cambian la conducta del otro.

Llorar dice cosas que la boca no se atreve a pronunciar:

  • “Necesito ayuda”
  • “Estoy al límite”
  • “Esto me importa”
  • “Por fin puedo soltarlo”

El llanto nos conecta. Hace visible lo invisible.

Ventajas científicas de llorar

Aunque a veces lo sintamos como un fracaso, llorar es una estrategia de supervivencia muy efectiva:

Beneficio Mecanismo
Reduce el estrés Eliminación de hormonas estresoras + activación parasimpática
Alivia el dolor Liberación de endorfinas y oxitocina
Mejora el sueño Regulación emocional post-llanto
Fortalece vínculos sociales Señal biológica de vulnerabilidad segura
Mejora el bienestar ocular Lubricación y defensa antibacteriana

Llorar te hace humano, pero también te hace más saludable.

¿Por qué nos sentimos bien después de llorar?

Después de un llanto intenso suele aparecer una sensación conocida: agotamiento físico acompañado de alivio mental. No es sugestión ni costumbre cultural. Tiene una base neurobiológica clara.

Durante el llanto emocional, el organismo pasa de un estado de activación elevada , dominado por el sistema nervioso simpático y las hormonas del estrés, a un estado de recuperación. Este cambio lo dirige el sistema nervioso parasimpático, responsable de la calma y la reparación.

Al mismo tiempo, se liberan endorfinas y oxitocina, sustancias que reducen la percepción del dolor y generan sensación de seguridad. También se produce una disminución progresiva del cortisol, lo que contribuye a la sensación subjetiva de alivio.

Desde el punto de vista psicológico, llorar actúa como un mecanismo de descarga emocional: no elimina el problema que lo provoca, pero reduce la carga interna asociada a él y mejora temporalmente la regulación emocional.

Cuando el llanto ocurre en un entorno seguro o acompañado, el efecto se amplifica. Las lágrimas funcionan además como una señal social que favorece la empatía y el apoyo.

Llorar no son solo lágrimas: el cuerpo también habla

El llanto no se limita a la salida de lágrimas. Es una respuesta corporal compleja que implica músculos faciales, respiración, voz y sistema nervioso. Cuando lloramos, el cuerpo entero entra en acción.

Durante el llanto se activan de forma coordinada varios músculos faciales: el entrecejo se frunce, los párpados se cierran parcialmente y las comisuras de los labios descienden. Esta expresión es universal y actúa como una señal clara de vulnerabilidad.

La respiración también cambia. Aparecen inspiraciones cortas y profundas seguidas de espiraciones largas e irregulares, lo que da lugar a los sollozos. Este patrón estimula el sistema nervioso parasimpático, favoreciendo la posterior sensación de calma.

La voz se vuelve temblorosa o entrecortada porque el cerebro prioriza la expresión emocional frente al control motor fino. No es falta de control, sino una reorganización temporal de recursos neurológicos.

Las lágrimas son solo una parte. El mensaje lo envía todo el cuerpo.

¿Se puede llorar a propósito? El caso de los actores

Sí, es posible llorar a propósito, pero no de cualquier manera. El llanto emocional genuino no se activa por orden consciente directa, sino a través de vías indirectas que el cerebro interpreta como emocionalmente relevantes. Los actores profesionales no “fingen” el llanto: engañan al sistema nervioso para que lo active de verdad.

Activar la emoción desde dentro

La técnica más eficaz es la llamada memoria emocional. Consiste en evocar recuerdos personales asociados a tristeza, pérdida o alivio intenso. Al revivir esas experiencias, se activa el sistema límbico, especialmente la amígdala, desencadenando el mismo circuito neurobiológico que en un llanto espontáneo.

Desde el punto de vista cerebral, no hay diferencia entre recordar intensamente algo doloroso y vivirlo en el presente. El cuerpo responde igual.

Manipular el cuerpo para activar el cerebro

Algunos actores utilizan estrategias físicas para facilitar el llanto:

  • Control de la respiración, forzando patrones irregulares similares al sollozo.
  • Tensión muscular facial, activando los músculos implicados en el llanto.
  • Parpadeo reducido, que favorece la acumulación de lágrimas.

Estas técnicas no generan emoción por sí solas, pero bajan el umbral para que el llanto aparezca.

Lágrimas sin emoción (y por qué no cuentan)

Existen métodos puramente mecánicos, usando sustancias irritantes, que provocan lágrimas reflejas. Sin embargo, estas no activan los circuitos emocionales, no modifican la voz ni la expresión corporal y suelen resultar poco creíbles en escena.

Por eso, en interpretación profesional se consideran un recurso menor.

Entonces, ¿es llanto real o fingido?

Desde el punto de vista neurobiológico, cuando un actor llora usando memoria emocional, el llanto es real, aunque el contexto sea ficticio. El cerebro no distingue entre una emoción provocada por una situación externa o por una evocación interna intensa.

La diferencia no está en las lágrimas, sino en el origen del estímulo.

En resumen: No se llora por voluntad directa, pero sí se puede activar el mecanismo del llanto de forma consciente.

¿Por qué los niños lloran con tanta facilidad cuando algo no les gusta?

En los niños, el llanto no es exageración ni falta de autocontrol. Es una consecuencia directa de cómo está construido su cerebro.

Durante la infancia, el sistema emocional (especialmente la amígdala) está muy activo, mientras que la corteza prefrontal, encargada de regular impulsos, frustración y conducta, aún no ha madurado. Esta región no se desarrolla completamente hasta bien entrada la adolescencia.

Esto significa que, cuando un niño se enfrenta a algo que no le gusta —una negativa, una frustración, un cambio inesperado—, siente la emoción con intensidad plena, pero carece de los mecanismos neuronales para modularla o ponerla en palabras.

Además, el llanto es su herramienta de comunicación más eficaz. Antes de dominar el lenguaje y la regulación emocional, llorar es la forma más rápida de expresar malestar, pedir ayuda o intentar modificar el entorno. Desde un punto de vista evolutivo, funciona: el llanto provoca atención y respuesta del adulto.

A diferencia de los adultos, los niños no lloran “por pequeñas cosas”.
Para su sistema nervioso inmaduro, esa pequeña cosa lo es todo en ese momento.

Con el desarrollo cerebral, el aprendizaje emocional y la experiencia social, el llanto va perdiendo protagonismo y es sustituido progresivamente por el lenguaje, la negociación y el autocontrol.

¿Por qué algunas personas lloran con facilidad y otras casi nunca, incluso ante la tristeza?

La capacidad de llorar no es un rasgo universal ni se distribuye de forma homogénea. Que una persona llore con facilidad y otra apenas lo haga, incluso viviendo experiencias profundamente dolorosas, no indica ni mayor ni menor intensidad emocional. Responde a una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales.

Diferencias en el sistema nervioso

A nivel neurobiológico, existen variaciones individuales en la reactividad del sistema límbico y en la conexión entre este y la corteza prefrontal.
En algunas personas, la activación emocional se traduce rápidamente en respuestas físicas como el llanto. En otras, la corteza prefrontal ejerce un control más intenso, modulando o inhibiendo la expresión externa de la emoción.

Ambos patrones son normales.

Regulación emocional aprendida

El llanto también se aprende. Desde la infancia, el entorno enseña cuándo es aceptable llorar y cuándo no. Personas que crecieron en contextos donde el llanto fue castigado, minimizado o asociado a debilidad suelen desarrollar una inhibición automática de esta respuesta, aunque la emoción esté presente.

No es que no sientan. Es que su sistema ha aprendido a contener.

Estilo de procesamiento emocional

Algunas personas procesan las emociones de forma más externa y expresiva, otras lo hacen de manera interna y cognitiva.

  • Quienes lloran con facilidad suelen descargar antes la emoción.
  • Quienes no lloran tienden a elaborarla en silencio, a través del pensamiento, la rumiación o incluso el cuerpo (tensión muscular, fatiga, insomnio).

El llanto es solo una vía entre muchas.

Hormonas y diferencias biológicas

Factores hormonales también influyen. La prolactina y la oxitocina, relacionadas con el llanto emocional, presentan variaciones individuales y por sexo, lo que puede modificar el umbral para llorar. Esto explica por qué algunas personas lloran con mayor facilidad sin que ello implique mayor fragilidad emocional.

¿Es malo no llorar nunca?

No necesariamente. Si la emoción se procesa y se regula por otras vías, no llorar no es un problema. El riesgo aparece cuando la emoción no se expresa ni se elabora, quedando cronificada y manifestándose como ansiedad, somatización o agotamiento emocional.

Sentir tristeza sin llorar sigue siendo sentir tristeza.

No todos los cerebros descargan la emoción del mismo modo.
Algunos lo hacen en lágrimas. Otros, en silencio.

La ausencia de llanto no es ausencia de dolor.
Es, simplemente, otra forma de gestionarlo.

Para saber más

Si quieres profundizar en la ciencia detrás del llanto y las lágrimas, estos trabajos ofrecen una base sólida desde la neurobiología, la psicología y la fisiología humana:

  • Vingerhoets, A. J. J. M. (2013). Why Only Humans Weep: Unravelling the Mysteries of Tears. Oxford University Press.
    Una obra de referencia sobre el llanto emocional, su evolución y su función social.
  • Gračanin, A., Bylsma, L. M., & Vingerhoets, A. J. J. M. (2018). Why only humans shed emotional tears: Evolutionary and social perspectives. Human Nature, 29(2), 104–133.
    Análisis científico sobre por qué el llanto emocional es exclusivo del ser humano.
  • Frey, W. H. (1985). Crying: The mystery of tears. Minnesota Medicine, 68(7), 423–429.
    Uno de los primeros estudios que describen diferencias químicas entre lágrimas emocionales y no emocionales.
  • Gross, J. J. (2015). Emotion regulation: Current status and future prospects. Psychological Inquiry, 26(1), 1–26.
    Marco teórico clave para entender cómo el llanto encaja en los mecanismos de regulación emocional.

Estas fuentes muestran que llorar no es un fallo del sistema, sino una respuesta biológica compleja diseñada para regular emociones, cuerpo y vínculos sociales.

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1 comentario

Muy importante el no reprimir las emociones, y muy interesante lo relacionado con las diferencias individuales

noa abad

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Y se acabó el artículo :(

Esperamos que te haya gustado y que hoy sepas un poquito más de ciencia.

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